Era un día realmente lluvioso. Marco estaba sentado dentro de un portal mirando como pasaban los coches por la carretera. Allí hubiese estado a salvo durante unas horas hasta que dejase de llover pero llegó la señora Gracia. Tras varias amenazas y demás Marco se largó del portal.Tras taparse la cabeza con un periódico arrugado que encontró en la cesta de publicidad de portal en el que se encontraba, Marcó cruzó rápidamente la carretera, la cual se encontraba extrañamente desierta, hasta llegar a otro portal. Al pasar unos minutos llegó el señor Muñoz que, al ver a Marco sentado en las escaleras, se cabreó tremendamente. Obligó a Marco a abandonar el portal y éste, resignado, buscó otro refugio.
Todos los portales habían sido cerrados con llave y dentro de ellos estaban los vecinos de las comunidades gritándo a Marco, que simplemente buscaba resguardarse de la lluvia. Marco no encontró sitio donde refugiarse, las calles estaban vacías y la lluvia caía más agresivamente.
Las aceras empezaron a estrecharse, los edificios salientes se adentraron en un marco totalmente plano y liso. La lluvia caía cada vez más afilada y Marco no pudo resguardarse de ésta.
Finalmente, mientras todo el mundo miraba desde dentro de sus portales y casas, Marco cayó en medio de la carretera acuchillado por la lluvia, antes de exhalar su último suspiro cerró los ojos y, afortunadamente, despertó.

